“Con su reforma laboral, las mujeres tienen los peores contratos y los peores salarios de este país”

Sesión de Control al Gobierno. Pregunta a la Ministra de Empleo sobre la Reforma Laboral y brecha salarial entre hombres y mujeres.

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Meritxell Batet “El Gobierno lleva más de 40 días sin cumplir el Pacto de Estado contra la Violencia de Género”

Sesión de Control al Gobierno. Pregunta a la Ministra de Sanidad sobre el Pacto de Estado contra la Violencia de Género.

FEDERALISMO: TAN POSIBLE COMO DESEABLE

FEDERALISMO: TAN POSIBLE COMO DESEABLE

Meritxell Batet y Manuel Cruz

Si debatir acerca del federalismo viene siendo necesario en este país desde hace años, en los últimos tiempos esta necesidad ha mutado, de forma clara, en urgencia. La deriva que ha terminado tomando el procés en Cataluña, abocado de manera irreversible hacia una propuesta de carácter inequívocamente independentista nos obliga a plantear con la mayor fuerza y claridad de la que seamos capaces nuestra alternativa federalista. Nos obliga porque estamos convencidos de que es la mejor alternativa. Lo que significa, para ser precisos, no solo que es deseable, sino también que es posible.

 

I. CARACTERIZACIÓN (DE URGENCIA) DEL FEDERALISMO

Si hubiera que definir, de manera telegráfica, el federalismo podríamos decir que es la suma de autogobierno y cooperación. O, como prefieren decir otros, gobierno compartido. Pero incluso quienes se atreven con una definición así, de inmediato corren a añadir que el federalismo es mucho más que eso.

Por lo pronto, el federalismo sólo se aviene con una idea de soberanía compartida según la cual decidir es codecidir. No es una mera reforma legislativa, sino que representa un cambio de paradigma sobre el modelo de estado precedente. Hasta qué punto dicho cambio sea radical es algo que comentaremos más abajo. Ahora importa dejar claro, para avanzar algo en la caracterización de lo federal, que el federalismo es un acuerdo entre iguales.

Iguales que, sin embargo, son diferentes, sin que ello deba considerarse un mero juego de palabras. Porque una cosa es la igualdad –o, mejor, la equidad- entendida como el objetivo último de una política que busca corregir las desigualdades sociales, económicas y culturales, y hacer más real el principio de que “todos los hombres son iguales en dignidad y derechos”, y otra cosa distinta son las diferencias lingüísticas, religiosas o de costumbres. Desigualdad y diferencia no son lo mismo ni ambas requieren idéntico tratamiento político. Las desigualdades se corrigen con políticas redistributivas que ejerzan una discriminación positiva a favor de los más desfavorecidos. Las diferencias, por su parte, exigen reconocimiento y respeto siempre que no contradigan ni se opongan a los derechos fundamentales. A este respecto, el federalismo constituye una respuesta integradora, pero reconocedora de la diversidad, frente a las tensiones que se dan entre las tendencias más autonomizantes y las tendencias más cohesionadoras que acostumbran a formar parte de los debates de cualquier sociedad.

Asumir esta complejidad -esta doble complejidad, por así decirlo- requiere no solo las herramientas técnicamente adecuadas sino también la actitud, la disposición, pertinente. Porque dotarse de una estructura jurídica federal es condición necesaria pero no suficiente para actuar federalmente. Por decirlo a la manera de Miquel Caminal: ¹“El federalismo no es solo un diseño jurídico-constitucional; es una cultura política necesaria para la vida y el desarrollo de las federaciones”. Y añadía que “la existencia de la voluntad federal es vital para la permanencia y estabilidad de las federaciones”. En efecto, se necesita fomentar una “cultura federal” para que el proyecto federalista funcione y provoque adhesiones.

De ahí que subrayar el carácter abierto, procesual, del federalismo no constituya una afirmación meramente retórica, equivalente a la difusa tesis de otros, según la cual la democracia es siempre un proyecto inacabado. Porque, aunque los detalles de la arquitectura federal puedan y deban ser permanente retocados, lo cierto es que tanto las herramientas concretas, esto es, legales y políticas (clara delimitación de competencias, cámara de representación territorial, órganos de cooperación, etc., a las que se aludirá después), como esos valores federales a los que hemos hecho referencia hasta aquí y que se encarnan en actitudes (confianza, lealtad, solidaridad, responsabilidad, tolerancia), están al servicio de la unión. Unión que, valdrá la pena destacarlo, constituye el resultado de una voluntad de vivir juntos. De ahí que no pueda confundirse con una pre-existente y cuasi sagrada unidad. Y de ahí también que las actitudes indicadas entre paréntesis brillen por su ausencia entre nacionalistas e independentistas.

II. EL FEDERALISMO ES POSIBLE

Tan posible es que, como se sabe, no faltan politólogos que, a la hora de describir los diferentes tipos de Estado existentes en el mundo, incluyen el de las Autonomías en el grupo los Estados federales (aunque no falten los más puntillosos que prefieren limitarse a calificarlo como cuasi-federal). Pero insistir únicamente en este aspecto implicaría soslayar precisamente el otro al que acabamos de hacer referencia, el de la cultura federal.

En realidad, analizada la cosa históricamente, no puede afirmarse que la idea federal sea un artificio extraño, ajeno por completo a nuestra tradición democrática. En efecto, nos hemos ido formando mediante la yuxtaposición de reinos y territorios a lo largo de la historia, hasta formar lo que hoy es España. Se han mantenido, a veces con notables dificultades, lenguas, culturas, formas jurídicas, instituciones políticas a lo largo del tiempo. Por eso, en los cortos periodos democráticos (tanto en la Iª como en la IIª República), la tendencia siempre fue federalizante o claramente federal.

Sin embargo, constituye un hecho, fácilmente constatable, que a pesar del componente federal de nuestra Constitución (el componente de la descentralización), el término “federal” sigue generando, sobre todo por razones relacionadas con nuestro pasado reciente, notables resistencias. Pero como ello en absoluto ha frenado los procesos de descentralización y el paralelo reforzamiento de dimensiones identitarias en las diferentes comunidades autónomas, ha habido a quien le ha dado por decir que en España somos federalistas sin saberlo. Tal vez podría matizarse, o completarse, la afirmación diciendo que somos federalistas que nos hemos olvidado de que lo éramos.

En todo caso, la crisis territorial que estamos viviendo puede ser vista, desde esta perspectiva, como una magnífica oportunidad histórica para culminar la tarea que en su momento (la Transición) quedó a medias. Porque los problemas que hoy estamos viviendo, lejos de solucionarse con recentralizaciones o similares, muestran precisamente la necesidad de introducir los elementos federales todavía ausentes (o no suficientemente presentes) en nuestro ordenamiento jurídico y en nuestra cultura política.

A menudo, cuando se plantea esta cuestión, los recentralizadores argumentan que una España federal no contentaría a los independentistas y, a partir de tal premisa, deducen la inutilidad de un cambio constitucional en esa dirección. El argumento es falaz, pero no por su primera parte sino por la conclusión que de ella se extrae. Que podamos estar completamente de acuerdo con la crítica que Stephan Dion ha dirigido a lo que él llama “la estrategia del contentamiento” (crítica que bien podría resumirse así: el nacionalista que se considera con derecho a un Estado propio nunca se contentará con menos) no desemboca en desestimar el federalismo, sino justo en lo contrario. La Federación nace precisamente para la unión, para que se respete el principio de igualdad de los ciudadanos, lo que no quiere decir simetría en lo que es de suyo asimétrico.

III. EL FEDERALISMO ES DESEABLE

A nuestro juicio, el federalismo no solo es deseable para nosotros en la presente coyuntura, sino en general, como modelo que mejor garantiza un destino común, basado en la solidaridad y la lealtad por medio de la cooperación, en el respeto a las diferencias y particularidades de nuestra sociedad.

Empezando por lo segundo, importa señalar que el federalismo es el un modelo que permite resolver de manera razonable y justa las cuestiones que antes nos limitamos a apuntar, esas que quedaron abiertas y poco definidas en la Constitución del 78 y que, cuarenta años después, debemos intentar concluir. O, si se quiere formular esto mismo apenas con otras palabras, la tarea hoy pendiente es la de recorrer el tramo que separa el Estado de las Autonomías de un Estado Federal. En diversos textos² Ramón Maíz ha hecho referencia a los déficits pendientes de resolver más importantes:

-No hay un reconocimiento acabado de las plurales identidades de los territorios que componen España.
-El reparto de competencias es confuso. En una federación, la distribución de competencias es decir, “ quién hace qué”, está clara y en ningún caso puede depender de pactos postelectorales para sostener gobiernos en minoría o circunstancias parecidas.
-El actual Senado es inoperante por no decir inútil. En un Estado federal, una Cámara o Consejo de las Comunidades políticas, sea cual fuere el nombre que reciban los entes federados, tiene capacidad legislativa plena en ciertas materias y es instrumento esencial para la participación de las comunidades en los asuntos europeos.
-La financiación no está suficientemente definida en la Constitución. Se encuentra también, al igual que el reparto de competencias, demasiado al albur de las mayorías que se formen en cada momento o de los compromisos electorales de los partidos.

Ahora bien, más allá de que el federalismo pueda aportar respuestas de ingeniería institucional que permitan solucionar algunos de los más importantes problemas heredados, constituye, como señalábamos al iniciar este epígrafe, el mejor modelo también desde el punto de vista de los valores democráticos, tanto de los más clásicos, fundacionales, como de los que en los últimos tiempos más se han reivindicado.

Empezando por estos últimos, si pensamos en la rendición de cuentas (accountability) podemos encontrar en los textos de clásicos del federalismo como Pi i Margall formulaciones que, sin forzar la interpretación, constituyen un auténtico anticipo de tesis que hoy han adquirido carta de naturaleza. En concreto, su argumentación a favor, no sólo de la división de poderes, sino sobre todo de una visión del poder suficientemente controlado a partir de una instrumentación fuerte de los mecanismos legales y jurídicos, puede ponerse en conexión con esa profunda desconfianza hacia un tipo de poder unitario que no contemple contrapesos y evite abusos. En ese sentido, bien podríamos decir que nuestro clásico del federalismo podría ser alineado con las tesis de autores actuales como Pierre Rosanvallon, que han teorizado con agudeza la desconfianza democrática.³

Aunque tal vez la mejor manera de componerse una idea completa del auténtico calado filosófico-político del proyecto federalista sea poniéndolo en conexión con uno de los valores-clave de la tríada revolucionaria moderna, el de fraternidad. Y es que, en realidad, la única propuesta que materializa, institucionalizándolo, el valor de la fraternidad es precisamente la del federalismo. Porque, lejos de contentarse, como sucede en otros discursos, con apelar a este valor como horizonte último hacia el que tender, o como idea reguladora para tutelar nuestras acciones, se esfuerza por dotar a la fraternidad de contenido político. De ahí la afirmación que hemos expresado en algún otro contexto: el federalismo representa la forma política de la fraternidad. Los federalistas hacen suya la fraternidad como valor político universal, con todo lo que ello comporta.

Porque, aunque la fraternidad se inspire en una metáfora, la de que los individuos o ciudadanos libres se tratan políticamente a sí mismos como hermanas y hermanos de una misma familia extendida que es la sociedad, de dicha metáfora se desprende un tipo específico de relación política y jurídica. Entre otras razones, porque donde el concepto pone el énfasis es en la relación horizontal (entre hermanos, que en la esfera de la política territorial bien podrían ser los entes federados), no en la relación vertical que comparten (con el padre, que en este mismo caso sería el Estado). Es precisamente esta relación de igual a igual la que genera una unidad superior (la federación, expresión materializada de la voluntad de estar juntos). Nada más alejado por tanto del espíritu de la fraternidad que contentarse con la generalización de determinados afectos, como hace el fraternalismo light de una sedicente izquierda (más próximo al insustancial todo el mundo es bueno que al valor republicano en sentido propio). El nervio de la fraternidad, por el contrario, es la exigencia de que los fraternos se traten entre sí como iguales (como iguales son las hermanas y hermanos de una misma familia).

Nos encontramos, pues, ante una premisa con contenido o, para ser más precisos, con un inequívoco aliento emancipador. Lo que la aleja también de esos otros planteamientos que, nada casualmente, prefieren como metáfora-guía para pensar las relaciones entre territorios la del matrimonio (con la consiguiente reivindicación del divorcio como procedimiento ineludible en caso de conflictos importantes: les suena, ¿verdad?). Son estos mismos planteamientos los que, tampoco por casualidad, suelen utilizar con tono despectivo en los debates de política nacional la expresión café para todos para rechazar la igualdad en cuanto se les antoja excesivamente gravosa.

Pero mientras los últimos resultan perfectamente previsibles (desde siempre, como hemos venido argumentando hasta aquí, nada ha temido más el nacionalismo que el federalismo), los anteriores, representados por esas fuerzas políticas presuntamente ubicadas a la izquierda de la socialdemocracia, tampoco deberían dejar de preocuparnos, a pesar de su inanidad teórica. Precisamente porque “fraternidad” quiere decir universalización de la igualibertad republicana (Balibar dixit),4 los programas políticos fraternales promovidos por el federalismo, en la medida en que vienen cargados de empeño por la emancipación y de voluntad de cooperación, deberían estar llamados a ocupar un lugar prioritario en el escenario de la política actual. Esperemos que nadie se ponga de medio lado cuando llegue el momento de convertirlos en realidad.

[1] Miquel Caminal, El federalismo pluralista. Del federalismo nacional al federalismo plurinacional, Barcelona, Paidós, 2002.

[2] Por ejemplo, en Ramón Máiz, “Nación de naciones y federalismo”, Claves de razón práctica, nº 157, noviembre 2015, págs. 18-23.

[3] Pierre RosanvallonLa contrademocracia : la política en la era de la desconfianza, Buenos Aires : Manantial, 2007. 

[4] Etienne Balibar, La igualibertad, Barcelona, Herder, 2017.

Artículo de Meritxell Batet y Manuel Cruz, incluído en el Libro: Teoría Política del Socialismo en el Siglo XXI” de la Editorial Pablo Iglesias.

“El daño que han hecho a Cataluña es reversible, pero no será fácil”

El Independiente. Entrevista a Meritxell Batet 20 de Noviembre de 2017

Lleva trece años en el Congreso de los Diputados y no ha perdido ni un ápice de pasión. Meritxell Batet (Barcelona, 1973) recupera un protagonismo suspendido durante los nueve meses que una Gestora gobernó el PSOE. A pesar de haber mostrado su apoyo a Patxi López en las primarias socialistas, Pedro Sánchez vuelve a situar en primera línea parlamentaria a la diputada catalana que fue su número 2 en la lista por Madrid en las elecciones de diciembre de 2015. Profesora de Derecho Constitucional, forma parte de la dirección del grupo socialista y de la comisión territorial propuesta por el PSOE para promover la reforma de la Constitución.

Pregunta.- Ada Colau ha roto el pacto con el PSC en el Ayuntamiento de Barcelona.

 Repuesta.- Cuando nosotros suscribimos acuerdos de gobierno en el ámbito municipal, lo que hacemos es priorizar las políticas para los ciudadanos y ciudadanas. Ése fue nuestro objetivo. Ada Colau, lamentablemente, no ha cumplido ni siquiera el acuerdo que firmó, que dejaba al margen otras cuestiones políticas para centrarlo en lo estrictamente municipal. Lo que ha hecho es priorizar y pensar en sus ambiciones personales y en su trayectoria política más que en la necesidades de la ciudad. Lleva más de dos años siendo alcaldesa de Barcelona y creo que aún no ha asumido lo que eso significa y representa. Creo que Ada Colau y su partido tienen un problema de identidad casi: dicen que no son independentistas, pero hacen lo que hacen los independentistas, votan lo que votan los independentistas, les hacen el juego y supeditan sus decisiones a lo que quieren los independentistas. Entonces al final, si haces, dices y te comportas como un independentista, pues eres tal. Y creo que es una muy mala noticia para la sociedad barcelonesa.

P.- ¿A qué se refiere cuando habla de las ambiciones personales de Colau?

R.- Pues que ella está pensando más en cómo se posiciona respecto a los partidos independentistas para posiblemente después poder pactar con ellos algo, y por tanto en su propia ambición personal, que en la estabilidad que necesita la ciudad de Barcelona. Lo hace además en un momento crucial donde estamos a las puertas de decidir dónde se instala la Agencia Europea del Medicamento. Creo que añadir más inestabilidad y hacerle el juego a los independentistas es emitir mensajes negativos hacia la UE para conseguir un objetivo de ciudad que era bueno.

El objetivo de Colau no es ser alcaldesa, no ejerce con responsabilidad”

P.- ¿Cree que el objetivo de Colau es ser presidenta de la Generalitat o que piensa en dar el salto a la política nacional?

R.- No lo sé, no voy a hacer especulaciones. Lo que sí sé es que su objetivo no es ser alcaldesa de Barcelona porque no está ejerciendo con responsabilidad ese cargo para el que fue elegida. Tenía un gobierno estable que funcionaba bien, cuya gestión era bien valorada, y eso no ha valido para nada.

P.- Y el PSOE y el PSC ¿no van a dar una respuesta de partido?

R.- Nuestra respuesta de partido es denunciar su irresponsabilidad y su falta de criterio a la hora de establecer prioridades. No creo que sea una buena idea hacer saltar por los aires pactos que están funcionando en beneficio de los ciudadanos. Desgraciadamente, Esquerra y PDeCAT están rompiendo sistemáticamente también todos los acuerdos municipales. Creo que eso hace muchísimo daño a las instituciones democráticas y genera mucha inestabilidad. Son errores políticos que espero que se paguen en las urnas.

P.- ¿Es el precio por apoyar la aplicación del artículo 155?

R.- Eso es una explicación política que no se sostiene de ninguna de las maneras. El único efecto que ha tenido el 155 ha sido la convocatoria de unas elecciones de manera inmediata y fulminante. Y por tanto, dar la voz a los ciudadanos para que puedan expresar qué gobierno y qué parlamento de Cataluña quieren. Ése es el único efecto real del 155. Poner en peligro los gobiernos municipales, las políticas en beneficio de las personas por eso, desde mi punto de vista, no tiene ninguna justificación política.

La ruptura de los pactos municipales no la paga el PSC, sino los ciudadanos”

P.- ¿Es la factura que está pagando el PSC?

R.- La están pagando los ciudadanos. El que paga el mayor precio en este caso somos los barceloneses, que teníamos un gobierno estable y con gente competente que han conseguido dar un vuelco a la imagen de Barcelona, de manera diáfana por ejemplo en materia cultural. Y eso se ha tirado por la borda.

P.- ¿Es más alto el coste político del apoyo al 155 para el PSOE en Cataluña que en el resto de España?

R.- Yo creo que el precio se empezó a pagar los días 6 y 7 de septiembre, cuando se produjo por parte del Gobierno de la Generalitat y de una mayoría parlamentaria que no social la ruptura con el marco jurídico, constitucional y estatutario que es lo que nos da a todos garantías de derechos y libertades. A partir de ahí se ha empezado a pagar un precio altísimo social, de división, de fractura y económico con la salida de más de 2.300 empresas. Se está pagando una factura inmensa para las instituciones de autogobierno de Cataluña, que han quedado en jaque. Y también se está pagando en el prestigio internacional que tenía Barcelona muy específicamente como ciudad y Cataluña como una región importante en Europa y de España.

P.- En la fractura de la convivencia, ¿influye también la imagen que dan algunos políticos independentistas? ¿Cree que generan rechazo en el resto de España?

R.- Me preocupa la convivencia dentro de Cataluña, entre catalanes, y me preocupa también las relaciones entre catalanes y el resto de españoles. Me preocupa que la rabia, el odio, el rechazo o las tentaciones rupturistas acaben venciendo a la idea de reconstruir nuevos consensos, de empatizar, de intentar entender y escuchar al otro y sus razones. Yo creo que estas elecciones van de eso. Nos equivocamos si pensamos que van de ganar por la mínima, de conseguir el 50 más 1. Son actitudes que ahondan en esa división y creo que no es el camino para resolver el problema de fondo: que existe una inmensa mayoría de catalanes no se sienten a gusto en el marco actual. Y eso va a seguir existiendo el 22 de diciembre.

El 21-D debemos poner las bases para una política en otra dirección”

P.- ¿Podría seguir todo igual después de las elecciones?

R.- Los partidos políticos tenemos la obligación de poner las bases para hacer posible que el 21-D empecemos a hacer política en otra dirección de la que se ha hecho hasta ahora, con un Gobierno de España negacionista del problema y con un Gobierno de la Generalitat que ha llegado al punto de saltarse la legalidad, una de las cosas más graves que puedan suceder en democracia. Como estas líneas no nos han conducido a nada, hay que instalar un marco distinto en el que podamos empezar a trabajar para construir un nuevo consenso. Yo sé que va a ser largo, va a ser difícil y va a requerir muchísima voluntad por parte de gente que estamos en posiciones muy distanciadas. Pero creo sinceramente que no hay otro camino.

P.- ¿A qué se refiere con ese nuevo marco? ¿A la comisión territorial, a una nueva relación entre administraciones…?

R.- A muchas cosas. La comisión es un marco privilegiado para poder dialogar y contrastar opiniones, para construir acuerdos y sobre todo para construir confianzas, que se han roto. Hablo de una relación Gobierno de España-Gobierno de la Generalitat; de comisiones sectoriales, bilaterales, conferencias de presidentes y todos los órganos que existen para fomentar la participación, coordinación y diálogo entre gobiernos. Y hablo también de un ejercicio que toda la sociedad catalana tiene que hacer a la hora de emitir su voto para elegir un Parlamento de Cataluña. Creo que se han roto consensos que habían existido en Cataluña y que habían permitido que se desarrollara económicamente y haya sido un motor para España. Creo que esa responsabilidad recae también sobre las nueva representación en Parlamento. Consensos a todos los niveles y en todos los ámbitos.

P.- Sorprende la dureza de las críticas de Ciudadanos al candidato Miquel Iceta. Resulta insólito que un partido pida que no se vote a otro.

R.- Quizás no tienen mucho más que aportar. El refugio de aquellos partidos que no tienen un proyecto de país, que no tienen una propuesta bien articulada y algo que ofrecer a la sociedad catalana cargan contra el otro. Nosotros vamos a hacer una campaña radicalmente opuesta a eso. Vamos a ser positivos y a plantear cuál es nuestro proyecto para Cataluña y España. Nosotros sí lo tenemos y está muy trabajado, muy decantado, muy estudiado. Precisamente porque pensamos que no va a haber ninguna solución que no pase por generar consensos, complicidades y acercamientos con los que piensan distinto, creo que no es buena técnica plantear una campaña electoral destructiva del otro. Al final vas a tener que entenderte con el otro.

P.- Tras esas críticas, Iceta y Pedro Sánchez se han visto obligados a aclarar que el PSC no investirá a un presidente independentista.

R.- Ésa es una de las líneas que Iceta dejó claras desde el principio, desde antes de la precampaña. Nosotros no vamos a facilitar ningún gobierno que defienda la ruptura con España. Nuestro objetivo político es mejorar la relación de Cataluña con España y ese marco de convivencia. Por tanto, no vamos a apoyar a nadie que plantee la ruptura como objetivo político y tampoco pensamos que la vía sea la de ahondar en bloques y en una división de la sociedad catalana en dos.

Nuestra tradición es internacionalista, no necesitamos envolvernos en banderas”

P.- ¿Por qué llamó tanto la atención que Iceta saliera en una fotografía con la bandera de España? Pedro Sánchez habla de los complejos que tiene Podemos con los símbolos nacionales.

R.- No creo que sea tanto un problema de complejos, sino de prioridades y de ideario político. El PSOE y el PSC no son partidos nacionalistas porque nuestra tradición es internacionalista.  Somos un partido de izquierdas que tiene como máxima la búsqueda de la justicia social, la cohesión social, la libertad, la equidad, la solidaridad sin fronteras. Por tanto, no forma parte de nuestra prioridad política el envolvernos en una bandera. Somos catalanes, somos españoles y este es nuestro contexto, pero desde luego nuestra lucha por conquistar derechos y libertades no tiene fronteras. Por tanto no necesitamos envolvernos en ninguna bandera; por eso a lo mejor puede tener algo de novedoso. Pero el PSC ha utilizado sin ningún tipo de problema todas las banderas que están reconocidas en el marco constitucional y estatutario. Es verdad que en Cataluña en los últimos años se ha abandonado la senyera, que es la bandera que nos representa a todos los catalanes y catalanas y se ha cambiado por una bandera ideológica, de partido, que representa sólo a una parte de Cataluña. Eso también ha sido una mala noticia.

P.- ¿Ha tenido que justificar el PSC que lleve a comunistas en su lista electoral incluyendo a democristianos?

R.- Es verdad que las tradiciones comunistas y socialistas han sido muy distintas, somos dos partidos que hemos tenido algunas complicidades y también grandes diferencias en la historia de España. La lista del PSC lo que emite es la señal de la necesidad de transversalidad, de apuntar la línea en la que podemos encontrar la solución, que es entenderse con el que piensa distinto y que habrá que sumar esfuerzos si queremos salir de ésta. Y creo que la lista lo refleja muy bien. En los grandes momentos, como la construcción de Europa, hubo entendimiento entre democristianos y socialdemócratas principalmente. Cataluña y España están viviendo políticamente momentos excepcionales. El PSC tiene la capacidad de atraer ideologías y pensamientos distintos y Miquel Iceta representa  la centralidad del catalanismo político que nunca debieron perder otros que han dejado de exiistir. El PSC sigue en pie con un proyecto político netamente de izquierdas que está dispuesto a liderar la solución al problema con la concurrencia de todos.

P.- Se ha anunciado que Pedro Sánchez tendrá poca participación en la campaña electoral catalana.

R.- Desconozco en estos momentos cuál va a ser su participación, pero ha venido a Barcelona y a Cataluña millones de veces. Creo que es el líder español que más ha participado en campañas catalanas, que más se ha reunido no sólo con el PSC, sino con gente de la sociedad civil catalana, que conoce muy bien cuál es la realidad ahora mismo en Cataluña y estoy segura de que tendrá una participación alta. Indudablemente el candidato es Miquel Iceta y tendrá el protagonismo.

Los independentistas se retractan de sus palabras, pero las consecuencias de sus hechos perduran”

P.¿El apoyo del resto del PSOE no puede ser un lastre electoral?

R.- Recibir el apoyo de todos los socialistas españoles nunca puede ser un lastre, todo lo contrario. Es la carta que acredita que nuestra propuesta es viable y es creíble: una reforma federal de la Constitución que compartimos todos los socialistas españoles. Esa complicidad y esa preocupación que he sentido entre mis compañeros por Cataluña lo que hace es sumar.

P.- ¿Qué pueden ‘vender’ los independentistas en campaña después de negar su propio relato?

R.- Ahora reconocen que mintieron a la sociedad catalana, reconocen que no era viable lo que ellos proponían y a mí me parece muy saludable la autocrítica. El problema es que fueron demasiado lejos. Ellos se pueden retractar de sus palabras pero las consecuencias de sus hechos van a durar mucho tiempo: la fractura social, el desastre económico, el prestigio internacional, el daño a las instituciones democráticas de autogobierno. Todo eso va a perdurar y eso es lo que vamos a tener que gestionar las fuerzas políticas con responsabilidad a partir del 21-D. Yo creo que todo es reversible, todo: podemos recomponer la cohesión, podemos recomponer la economía, recuperar las instituciones democráticas…  Todo eso lo podemos hacer, pero deben ser conscientes de que no va a ser fácil ni rápido superar el daño que han hecho.

“Devolver a toda la sociedad catalana sus derechos y sus libertades, su dignidad de vivir en democracia”

Intervención de Meritxell Batet en el Pleno del Congreso de los Diputados, en la Sesión de Control al Gobierno del 25 de octubre, sobre el impacto económico de la situación política en Catalunya y en el resto de España

“cerrar esta herida de nuestro pasado es una obligación de todos los ciudadanos que aspiramos a un futuro más próspero en paz y convivencia, sin rencor, pero sin olvido”

Proposición no de Ley del Grupo Parlamentario Socialista, sobre las sentencias contra el Presidente de la Generalitat de Cataluña Lluís Companys y otras dictadas por tribunales de la dictadura.

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Esto no va de dálogo, ni de negociación, ni de democracia…

Moción consecuencia de interpelación urgente sobre la valoración de la llamada “Operación Diálogo” con las instituciones y la sociedad civil catalana en aras a lograr un mejor entendimiento, del Grupo Mixto del Congreso de los Diputados